Cuando dos sistemas no se hablan, alguien pega los datos a mano. Eso no es un proceso: es un cuasi-proceso, y su coste real se paga cada semana en horas de alguien que no se contrató para eso.
Medir antes de integrar
Antes de proponer una integración, cuenta el trabajo manual durante dos semanas. El número resultante decide la prioridad mejor que cualquier criterio, y suele ser una sorpresa para todos.
El coste no desaparece
Integrar no elimina el trabajo: lo convierte en software. El software cuesta mantenerlo, pero al menos se puede probar, versionar y auditar. La hoja de cálculo no.